Ambientada en el siglo XIII, Angolmois (Angolmois: Record of Mongol Invasion)  nos traslada a la invasión mongola hacia tierras japonesas, específicamente, al momento de la llegada de las tropas a la isla de Tsushima.

En esta ocasión, les comentamos sobre un anime del género histórico seinen, que a su vez, que se aleja de las épocas más representadas de la historia nipona.

La historia nos presenta, inicialmente, a un grupo de peligrosos delincuentes exiliados a una isla donde se les brindará la oportunidad de iniciar una nueva vida. Sin embargo, lo que no esperan, es que este “nuevo comienzo” será, en realidad, otra forma de recibir sentencia a muerte, pues, los mongoles han salido de Corea con rumbo a Japón, y la primera parada es en la isla que se encuentra a mitad de camino: Tsushima.

A su llegada, los exiliados escucharán, de la voz de la princesa Teruhi, su verdadero propósito en la isla, lo que provocará una serie de reacciones adversas por parte de los prisioneros, especialmente de Jinzaburou Kuchii, quien no es un criminal de poca monta, sino un ex-samurai del shogunato Kamakura.

Si bien, la isla cuenta con un pequeño número tanto de soldados valerosos como honorables individuos dispuestos a proteger su tierra, lo cierto es que su experiencia en la guerra es mínima, por no decir nula. De tal manera que Jinzaburou tomará las riendas de un ejército desfavorecido por las circunstancias.

 

Basada en el manga debut de Nanahiko Takagi, la serie logra, en sus trece episodios, establecer psiques verosímiles en los personajes, sin llegar a explotar recursos dramáticos, de hecho, con muy pocos guiños hacia el pasado de los involucrados, se logra entender mucho sobre su forma de ser. Por otro lado, tampoco ahonda en el momento histórico o geográfico de la serie, lo que hace una invitación a investigar más sobre ello; inclusive sobre algunos apellidos de importancia histórica.

Un poco de historia. El imperio mongol fue instaurado por Gengis Kan en el año 1206, considerado el imperio con mayor territorio continuo de la historia, yendo desde el Río Danubio en Europa, hasta la península de Corea. Sin embargo, fue hasta 1274, cuando el ejército zarpó con más de 20,000 soldados, entre tropas mongolas, chinas y coreanas, para adentrarse en territorio japonés. Siendo su primer contacto, las islas Tsushima e Iki, a quienes, según la historia, derrotaron sin “complicaciones”. Y ese es, precisamente, el argumento que explora Angolmois.

La caída de Tsushima puede ser escrita en una oración en los libros de texto, pero en la experiencia de quienes estuvieron allí, el suceso fue mucho más que eso; fue más que una «captura» o una «derrota».

Aunque las secuencias de acción son contundentes, no es lo predominante de la serie, pues el énfasis radica en la tensión psicológica de los personajes, con respecto a la proximidad de los invasores, y su cada vez más cercana muerte. Existe un detalle, sin embargo, que consiste en una textura encimada a todas las escenas, con la finalidad, supongo, de darle ese toque de antigüedad a la serie, o de pintado a mano, que por momentos se vuelve casi una distracción.

No hace falta mencionar, que por su violencia, Angolmois no es precisamente para todo público. La animación corrió a cargo de NAZ, dado a conocer en 2014 con Hamatora: The Animation, y que esta temporada (otoño 2018) presenta Ore ga Suki nano wa Imouto dakedo Imouto ja nai.

Angolmois, dentro de su marco de ficción, nos hace reflexionar sobre las consecuencias de un enfrentamiento bélico, donde pescadores, agricultores o artesanos defienden su tierra, sus principios y su vida misma; donde jóvenes y ancianos, niños, mujeres y hombres son vistos por igual ante los ojos del enemigo, y tratados de la misma manera por el filo de la espada o el calor de la pólvora.

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